martes, 9 de junio de 2009

The Mad...



Vocero de Wasiland: Dramaturgo desquisiado, histérico por el arte, y con serias inclinaciones sexuales poco usuales, actor sobreactuado, zancudo de baldosa de finca, "amante" de los niños, cantante desafinado, bailarín frustrado... Dirigente de la Caravana Negra

 

domingo, 25 de enero de 2009

Mi primera sed

Esa misma noche Rael me llevó al un lugar frecuentado por la población vampirezca parisína. Me habló de otros dos de sus discípulos, advirtió que de faltar él, yo siempre podía contar con ellos.

- Pero porque habría de faltarme usted? – fue lo único que me inquietó.

- Por ningún motivo en especial… - sonrió y acaricio mi mano.

Yo no estaba satisfecha.

- El padre no puede partir, sin asegurarse de que su hija puede arreglarselas con el mundo… - sonreí de vuelta. Él me miró extrañado.

- El padre…

Llegamos a la entrada de un lugar muy acogedor, el interior era realmente muy extravagante, como si se necesitara de muchos aromas y sonidos para saciar los sentidos de un vampiro. Había una extraña y hermosa mujer de peluquin verde en la barra. Me llamó la atención… me parecía conocida.

El ambiente era fascinante, y los que a luego llamaria mis hermanos tambien lo eran.

Vincent Le Marc era, según, el mas joven antes que yo. Tenia una apariencia tosca y seria, y vestía de una manera muy particular, como si no fuera del pais. El señor Jharson Vandercraft era un vampiro tan elegante y altivo como Rael, me intimido enseguida. Era sencillamente hermoso y imperturbable en su amable serenidad. Sin embargo su mirada era penetrante, y yo procuraba evadirlo.

- Ellos son mis hermanos… - dije con las manos en el regazo, sonriente. Sin embargo, algo dentro de mi comenzo a agitarse levemente.

- Tienes un alto concepto de familia… - respondio mientras balanceaba una copa del liquido llamado vitae, no es mas que sangre y licor. Por lo general no suele satisfacer la sed de un vampiro, solo alivianarla.

Yo no debaja de observar la copa servida para mi, sin probarla. Mi mandibula temblaba levemente, y por primera vez senti las ansias abrasadoras de mi primera sed vampìrica. Rael puso una mano en mi copa.

- No te recomieno que bebas eso… - lo mirè perpleja ante su directa prohibición.

Sin darme cuenta, el señor Jharson se sento en la mesa, Rael le sonrio, le había estado esperando.

- Es normal que te agites despues de convertirla Rael… yo lo haré por ti. – dijo, yo no tenía idea de lo que hablaban.

El imperioso vampiro se retiro el guante de la mano izquiera con suma delicadeza y lo puso delante de mi. Me quede observando la prenda solo para evitar su mirada.

-        Eva, querida… tu primera sed debes saciarla con alguien mayor que tu. Te hara optimizar los sentidos y sin duda, adquirir cierto tipo de habilidades que luego podras ir perfeccionando. – explico -  como veras, convertirte ha requerido de gran parte de mi sangre, por lo tanto le he pedido a Jay que te conceda el gusto de la primera sed…

Yo estaba perpleja ante esa insinuación. Yo? Compartir algo tan delicado con alguien completamente desconocido? No lo haría, definitivamente no lo haría…

Eso decía… hasta que Jharson puso su muñeca delante de mi, aquella muñeca gruesa y blanca, con la vena palmitante, con ese delicioso aroma. Esos dedos tan largos y finos, pero a la vez masculinos y prometedores, impecable. Nunca me habia parecido que una muñeca era tan preciosa y divina. Sumamente avergonzada porque lo que estaba a punto de hacer, cerre los ojos y fruncí los labios. Incliné mi cabeza y pose mis labios sobre esa adoraba muñeca, la rocé suavemente, saboree con una lamida el aroma de su piel… No podía evitarlo… era inminente; clavé mis dientes en ella. Él no se inmutó, pero yo podía sentir la agitación de su pulso, la exitación de su semblante. Le encantaba… a Jharson Vandercraft le encantaba, y a mí tambien. Aquella sed desihinbió todos aquellos impulsos, dio rienda suelta a deseos desconocidos, y todas se enfocaron en ese vampiro. En Jay…

 

Después de esa noche evadí la mirada y palabra de Vandercraft hasta varias semanas despuès.

 

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Como era de esperarse, según mi padre y mis hermanos, el principe de la camarilla francesa citó a Rael a una audiencia pocos dias después de mi nacimiento. Yo no le dí mucha importancia a aquella cita, estaba preocupada por otras cosas que hoy me parecen frivolidades. Ciertamente, habian pasado 17 años de mi vida antes de que mi sire me diera su beso inmortal, a veces pensaba que habia dejado de vivir muchas experiencias humanas, para abrirme paso a la exquisita escencia sobrenatural, en mi habian quedado rastros de la curiosidad de una niña… Por lo menos eso sentía yo.

 

Vivía con Rael en el teatro, él había preparado una elegante y hermosa habitacion para mí, me acompañaba toda la madrugada hasta parte del amanecer, hasta que se retiraba a su alcoba, desconocida para mí. Me sorprendía la caballerosidad con la que aún se dirigía a mí. Me preocupo que ya no me deseara como cuando era humana, cuando en realidad yo le veía cada vez mas y mas atractivo.

No le amaba, en ese momento, ese sentimiento se encontraba muy lejos de mí, le deseaba… eso sí.

La noche de la audiencia insinué varias veces mi descontento con el asunto, él estaba demasiado distante, parecía preocupado en su silencio. Nos esperó a las afueras del teatro un hermoso carruaje conducido por caballos negros, el señor Vincent estaba guiandolos, y el señor Jharson se encontraba dentro. Permanecí callada a pesar de mi insatisfaccion con la actitud de mi sire estos últimos días, de hecho, cual niña malcriada, decidí no pronunciar ni una palabra durante todo el recorrido.

Al cabo de un rato llegamos a nada mas y nada menos que al Château de Versailles; cuya construccion fue ordenada por Luis XIV, de quien me enteré poco tiempo después no era mas que el Goul de un viejo vampiro cuyo nombre o recuerdo. Al parecer el edificio siempre se construyó en base al desempeño de las funciones de una residencia real en donde operaba la camarilla. Los numerosos guardas parecían estar informados de nuestra visita, todos y cada uno de ellos dieron la bienvenida e indicaban paso a un nuevo camino. 

Nos introdujimos al majestuoso edificio escoltado por 5 guardias, que nos dieron paso hasta la Galería de los Espejos. Los 8 bustos que deberían ser emperadores romanos, eran en realidad rostros desconocidos para mi.

Esperamos ahí un par de minutos, hasta que hizo su aparición una extraña criatura. Era un hombre con apariencia bestial, algo desaliñado  e incluso de aroma desagradable. 

Se acerco a nosotros encorvándose. No me dí cuenta pero el señor Jharson y el señor Vinz se habían puesto cada uno al lado de mí, y Rael permanecía delante.

-        El príncipe Gabrielle Di Vercelli recibirá a Rael Moebius enseguida… - dijo con voz rastrera.

… Si, Gabrielle Di Vercelli…

El mismo hombre que había sido amigo de mi familia por años, a quien conocí desde pequeña, a quien aprendí a admirar… Era un vampiro, y uno muy importante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 8 de enero de 2009

Jharson Vandercraft



Esa mujer me había mentido.

 

Me había mentido de la manera mas descarada y hasta vulgar. Me había hecho hacer pactos con el mismo diablo, retorcer el tiempo y cambiarlo, todo para estar juntos. Me arranqué el corazon para darselo… y aun así ella me mintió. Pero hasta que punto?. Ahí estaba yo, como un idiota, como un feliz idiota… Muriendo de todas las maneras que se puede morir un vampiro… por ella… de amor por ella. Y lo peor es que lo haría una y mil veces.

Me enloquecía esa fragil apariencia de niña martir, esa disposicion perenne a sacrificarse por los que quiere, incluso la forma en que miente es divina. Amo a esa niña, amo a esa joven vampira, a esa vieja hylden, a esa mujer con hijos de otro hombre. Amo a Evangeline Paez desde el mismo día en que Rael la llevó a mi taberna. Lo recuerdo como si fuera ayer…

 

Y es que llegando al final, recuerdas el comienzo.

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Mi nombre es Jharson J. Vandercraft, Jay para mis viejos amigos, Vinz y Rael. Soy un vampiro desde los años 1300… y algo. Realmente he perdido la nitidez de los detalles. Fue fiel compañero de Rael en las cruzadas, ahí nos conocimos, ahí él me convirtió.

Desde hace mas de 100 años que vivía en Paris. Había acumulado propiedades por toda Europa pero las noches parisinas eran sin duda mi debilidad del momento. Mi pequeño y modesto hoyo era un lugar acogedor para los de mi especie. Casi ningun humano sabía de su existencia. Las luces y el aroma eran siempre perfectos, la música la adecuada. Connie era un poco extravagante, pero no podía hacerla desistir de usar ese peluquin verde, tenía una hermosa voz y apareciencia. A menudo era la atracción de la noche.

Vinz venía casi todas las noches, nunca fue muy hablador, pero me daba gusto ver un rostro tan familiar entre todos esos nuevos vampiros, todos… excepto Rael, eran mas jovenes que yo.

Desde Vinz, no recordaba que Rael hubiera tenido otro discipulo. Por lo general, y a raiz el incidente de Lisa, procuraba sobretodas las cosas de no convertir a ningun hombre desesperado ni a una joven caprichosa. Cual fue mi sorpresa al verle llegar con la mujer que luego se convertiría en la eterna encrucijada de mis desiciones. Era una niña, sin duda. No mas de 18 años. Un hermoso y lazio cabello purpura le rozaba los codos. He conocido bellezas de todo tipo, pero la de ella me fascinó de una manera distinta. No bastaba con solo apreciarla. Y no era el único, por un momento, todas las miradas de los vampiros, incluyendo la de Connie, se mantuvieron fijas en ella.

Rael me miró para indicarnos a Vinz y a mí que nos acercaramos. Lo hicimos como si lo hubiera dicho. Vinz tenía esa misma expresión agresiva, no me extraña que ella luciera tan tímida e insegura de vernos caminar hacia ellos. Se aferraba al brazo de Rael, y tuve un profundo y momentaneo deseo de estar en su lugar.

- Caballeros, ella es el nuevo miembro de nuestra enorme familia… Evangeline Paez. – la tomó de los hombros, Eva hizo una leve reverencia y nos sonrió.

- El es Vincent Le marc… - dijo Rael. Vinz asintió. - Y nuestro anfitrion, Jharson Vandercraft…

Solo me lanzo una breve y languida mirada, como hubiera deseado despertarle la misma inquietud y atención que ella despertó en mí. Pero me veía tan lejos de hacerlo…

Como todo nuevo recien nacido estaba prendada de su sire…

Los senté en una pequeña mesa rendonda y les dejé solos. Observaba de lejos como él tomaba su mano, le murmuraba al oído y ella asintía.

El olor a tabaco dulce comenzó a hacerse cada vez mas y mas espeso, ya había llegado los invitados especiales, la distinguida burguesía vampirezca de la camarilla. Cada estado tiene una organización rigurosa de vampiros que controla el indice de muertes y nacimientos, procura que ciertos clanes no se junten, y sobre todo, mantiene la maxima discreción  con respecto a nuestra existencia. La camarilla controla la información de quienes son convertidos y por cuales vampiros.

Rael y yo somos demasiado viejos, mucho mas viejos que esa hipócrita organización, por lo tanto siempre nos hemos mantenido al margen de sus parametros. Sin embargo no buscamos establecer enemistades. Presentía que, siendo Rael como es, no había registrado a Eva como su discipula. Seguro eso molestaría al príncipe de la camarilla francesa.

Mire de reojo a los visitantes burgueses, se llevaban muy bien con Connie. Ella siempre esperaba a que ellos llegaran para hacer su número. Esa noche canto uno de mis temas favoritos: Siboney. Tema que ella misma compuso con un español muy burdo, pero que se escuchaba adorable con su acento frances. No atendí como de costumbre a mis invitados especiales, mi atención se dirigía en gran parte hacia Eva…

El aroma dulce…

La luz tenue…

Y la voz de Connie...

 

Siboney, yo te quiero


yo me muero

por tu amor;


Siboney en tu boca


la miel puso su dulzor;


ven a mí que te quiero
y que te adoro


y qué eres para mi.



Siboney al arrullo
de la palma pienso en ti.


Siboney de mi sueño
que no oyes la queja de mi voz


Siboney, si no vienes
me moriré de amor.



Siboney de mi sueño
te espero con ansia en mi caney


porque tú eres el dueño
de mi amor Siboney.



Oye el eco de mi canto de cristal


no se pierda por entre el rudo manigual.

 

 

 

-0—0—0-

Quien diría que muchisimos años despues me iba a encontrar así?

La sangre es rechazada por mi cuerpo, sale y me atraviesa como mil puñaladas, el dolor es insoportable y un poco mas. Los gritos de Vinz se quiebran en el aire, puedo observar vagamente a Gabrielle Di Vercelli. 

Ella me recoge entre sus brazos, tambien herida, fingiendo quietud, sonriendo. Sabe que todo esta perdido, pero aun así ella sonrie. Me pregunto si esta satisfecha de todas las decisiones que la trajeron hasta aquí. Que la condujeron a la locura, al sacrificio…

Esa mujer me había mentido, y ahí estaba yo, muriendo de todas las formas que puede morir un vampiro.

Moría felíz… moría tranquilo, porque ella vendría conmigo. 

domingo, 4 de enero de 2009

Inconcluso


Estaba ahí, como siempre…

 

Andando por ese largo sendero interminable que ella sigue dibujando para que no la alcance. La he buscando por todos los rincones de este mundo implacable, el tiempo y el espacio me azotan morbosamente. No tengo otra opción, siento que no quiero tenerla. Renunciar a mi búsqueda sería renunciar a ella

Caí mas de una vez ante esas batallas, mi corazón se agitó ante la presencia del Desquiciado; estoy indiscutiblemente dentro de su mundo, de una manera heterogénea, pero lo estoy. Comprendo sus trazos, comprendo su cielo, sus colinas, sus ciudades, sus personajes, la manera en se tiñe el atardecer, y ese horizonte oscuro del otro lado, en donde reina aquel que ella llamó Muriel.

Nunca había visto a alguien real hasta ese día.

Lo encontré sentado en una roca del camino. Sus pies estaban llenos de heridas, caminaba descubierto, no parecía importarle. Su espalda de encorvaba, quizás por el cansancio, quizás por alguna culpa que llevaba consigo… Temblaba y jadeaba, el cabello negro se adhería a su rostro y a su cuello, las gafas caían de su tabique y estaban rotas. Ese hombre estaba realmente herido, y muy asustado. Podía verlo, podía sentirlo.

Entonces, ¿por qué estaba ahí? ¿Acaso también la buscaba?

Iba a caer, probablemente no sería capaz de levantarse.

Me encontré  demasiado intrigado, detuve mi perenne marcha y me acerqué a él.

- Quizás sufres demasiado por algo que jamás conseguirás… Como es que puedes soportarlo?

Levanto su mirada parda y triste, con un gesto lánguido.

- Porque ella sufre conmigo. – respondió.

 

 

Esas palabras no las olvidaré. Ella sufría con él. Dentro de todo ese dolor, y esa fatiga no pude ver lo que sin duda existía, la decisión… la elección.

Me pregunté en aquel momento si la amaba tanto como yo.

Odié admitirlo. Lo odié tanto que ese instante se convirtió en una terrible encrucijada, renuncié a todo y me fundí con la tierra, me entregué a la ansiedad y la desesperación. Me sentí mas perdido que nunca, y la sentía a ella mas lejos aún...              

 







viernes, 2 de enero de 2009

Ellos








Solo dibujo los rostros que veo en Wasiland, vagando por esos caminos...

domingo, 28 de diciembre de 2008

Elecciones.

No recuerdo nada desde esa ocasión. Me mantienen encerrada en mi alcoba.

Se que tengo un hermano, se que ya no esta conmigo. Murió hace mucho tiempo, no sabría desde hace cuanto.

Las mozas solo vienen a limpiar, no suelen hablarme, muy a pesar de que les hago preguntas nunca responden. Es como si el cuarto estuviera vacío.

Tal vez si lo esté.

Permanecía sentada frente al tocador cepillando mi cabello, lo hacía por inercia mientras esperaba. Había solo un acontecimiento que me ayudaba a sentir el pasar del tiempo en esa estancia inalterable por mi presencia, y era una visita. Una visita fiel y segura que se escurría por el balcón y aparecía entre las cortinas blancas. Se hacía llamar Rael y era un vampiro.

Lo vi por primera vez en contra luz a una luna blanca y vigorosa, cualquier otra mujer se habría alterado de ver a un extraño en su balcón, pero él no me inspiró miedo sino fascinación.

Sabía que si le daba entrada no habría marcha atrás. Una vez que invitas a un vampiro a tu aposento, él podrá regresar a costa de lo que hagas para impedirlo.

¿Como no iba hacerlo? Si su presencia era lo que me recordaba que estaba… ¿viva?

No existía en mí timidez alguna. A menudo entraba y se incorporaba a mi rutina. Le encantaba permanecer frente al espejo, observando mi minucioso acicalamiento. Otras ocasiones me encontraba en la cama, recostada en el copete, pero con el mosquetero abierto. Se acercaba a mí y con voz dulce me decía “ya casi estas lista”.

Nunca se lo pedí, pero desde el primer momento ambos sabíamos que me terminaría convirtiendo en uno de los suyos. Conforme fue pasando el tiempo las visitas eran más extensas. Sosteníamos largas horas de debate.

-¿Acaso no es suficiente el mundo? – Sostuve en una ocasión – Estar ahí para observar todos esos acontecimientos, todo lo que lo transforma. Dándome el don, me regalas el mundo y la oportunidad de verlo crecer.

-Y luego desmoronarse… - dijo con voz serena, ante mi infantil conmoción – El mundo ha tenido incontables altos y bajos. Quizás algún día nunca se levante… - permaneció pensativo – o tal vez lo haga siempre…

-Nada es absoluto – dije

-Todo es relativo… - corroboró

Se acercó a mí por detrás y retiro el cabello de mi cuello. Sus manos largas y delgadas siempre se sentían heladas en mi piel. Me enloquecía esa escalofriante sensación. Se deslizaba un poco más hasta mi clavícula y terminaba sosteniendo mis hombros endebles, escotados por ese vestido rojo pálido que tanto le encantaba.

-Insistes tanto en demostrar que eres diferente – murmuraba – realmente me haces meditar al respecto…

-Ya lo ha hecho antes, señor. – siempre me dirigía a él con mucho respeto – Ya ha tomado a otros como discípulos. Dígame, ¿qué lo condujo a hacerlo?

Se mantuvo en silencio por un largo rato. Entonces soltó mis hombros y se volvió hacia la ventana.

-Una vez, una hermosa mujer como tú me lo pidió… - dijo después de un largo de un rato.

-¿Y usted se lo concedió por…?

-Porque deseaba estar con ella, y ella conmigo.

-¿Y qué sucedió?

Hizo otra pausa mas larga que la anterior. Como si tratara de recordalo.

-Fue demasiado tiempo, fueron demasiadas cosas. Terminó odiándome.

Yo sonreí ante su respuesta y me acerqué a él con ademan insinuante. Sus ojos azules volvieron a quedar fijos en mí.

-Teme que suceda lo mismo. ¿Teme que termine odiándole? – mencioné. Él se limitó a acariciar mi barbilla.

-Lo harás tarde o temprano… Amarme, odiarme o ambos.      

Detesté que dijera eso. Semejante soberbia al siquiera considerarlo. Aunque mantuve mi posición en todo momento. Me preguntaba realmente quien seducía a quien. Sé que él moría por convertirme, por tomarme entre sus brazos y consumir hasta la última gota de mi sangre. Admito que podía ser muy persuasiva si me lo proponía. Decidí que él no sería quien me escogiera, yo lo escogería a él como mi sire.

-Convertir por amor es algo muy absurdo y egoísta, señor. – dije sin temor a ofenderlo.

-Quizás.

-No tengo porque odiarlo, señor. Tampoco tengo razones para amarlo. Las razones por las que usted llegó a mi balcón, las razones por las que yo le di entrada, carecen de relevancia en este momento… en este preciso momento. – Abrí los primeros botones de mi vestido dejando un atrevido escote – Solo importa una cosa… y es lo que ambos deseamos.

Sentí su mirada en mi pecho agitado, subía lentamente hasta mi esbelto cuello adornado por una gargantilla de plata. Su deseo era indiscutible y yo estaba ansiosa. Él se inclino sobre mí besándome los labios suavemente mientras volvía a abrocharme el vestido.

-Pronto, querida. – murmuró.

 

-0-0-0-

Los días pasaron, me era imposible decir cuantos. Me preguntaba a diario, si me unía a esa hermosa y cruel existencia, ¿que tal difícil sería encontrar a otro vampiro en todo el mundo? A uno en especial.

Rael no era el único de ellos al que había visto alguna vez, de eso estaba segura. Fugazmente recuperaba ciertos recuerdos a lo largo de mis meditaciones. El llanto de un bebe estaba entre esos; a veces era tan fuerte que incluso siseaba para calmarlo, pero pronto regresaba a la habitación, al tocador y al cepillo, y todo volvía a ser igual de inalterable

Cada minuto se homogenizaba con el anterior, y en mi mente solo rondaba el deseo de convertirme en uno de ellos. No tenía nada que perder. Nada…

La ultima visita se me hacía tan lejana, tal vez se había arrepentido… o quizas mis ansias eran cada vez mas abrumadoras. Cuando porfin esa sombra hizo su aparición en mi ventana, decidí que esa noche había llegado.

-        Tardó demasiado… - dije algo resentida, sin hacer el mas mínimo movmiento entre mis sabanas. Con el mosquetero cerrado.

-        Lo suficiente. – respondió él con la misma serenidad de siempre.

-        Lo suficiente para que?

La usual pausa.

-        Para que ambos nos preparemos para lo que estamos a punto de hacer…

Sonreí, como si confirmara mi victoria. Su piel, a través de los encajes, se veía mas rosada. Sus labios mas vivos, su cabello menos opaco. Seguro se había asegurado de alimentarse lo suficiente para darme el don. Había leído tantos libros, ya no sabía que creer, que tan parecidos eran estos con la realidad.

Se posó en el borde de mi cama, sin siquiera abrir el mosquetero. Yo tenía las manos en el regazo y expresión hierática; pero mi corazon latía tan fuerte que estoy segura que él lo escuchaba. Me sentía como un pequeño cervatillo fingiendo serenidad ante su magno depredador, hermoso, impecable, basto… Sin duda fue un hombre sumamente atractivo cuando los años mortales le tocaban, es como si el don hubiera inmortalizado esa belleza cual retrato, pero se hubiera llevado consigo toda la ingenuidad de la juventud… Así me vería yo?

Levantó su muñeca lentamente, mi pecho se agitó aún mas. Tomo finamente con sus dos dedos la delicada cinta que amarraba la pechera de mi bata de noche. Mi vista permaneció fija en él. Sonrió y dulcemente tiró de la cinta, inmediatamente la bata cayó hasta mi cintura y me dejó completamente descubierta ante él. Tampoco me moví.

Él parecía fascinado, admiraba mi joven cuerpo endeble, mis pechos rosados y desnudos. Me ofreció su mano para que me levantara. Lo hice, mi ropaje de seda cayo hasta los tobillos. Rael se extasiaba de solo mirarme.

- Jamas seras mas bella de lo que eres ahora… - me dijo. – Jamas vas a sentir las cosas con la misma intensidad… Querida, porque cada momento puede ser el último, ser humano es algo hermoso. Podras amar con locura y odiar de la misma manera. Si vives para siempre, no podrás hacerlo… La vida va matando las emociones intensas, adquieres fortaleza y resistencia, pero tambien una profunda inercia.

- Las historias son distintas para todos los vampiros… - solamente eso respondí. Mi aliento agitado y dulce lo abrumaba, yo me aseguré de que así fuera.

Sus manos, extrañamente tibias, tomaron mi cintura. Yo levanté la mirada y lo besé tratando de contener cualquier otro impulso. Después de saciarse de mis labios se dirigió a mi cuello, al principio solo sentí el delicado roce, pero luego un dolor agudo me indicó que ya había incrustado sus colmillos en mi…

Ahogue un gemido, y me sostuve de su cuello. Lo sentía, sentía como me despojaba de vitalidad, un debilidad embriagadora, que opacaba los escasos recuerdos, y la noción de todo. Me costaba mas respirar, pronto sentí que ya no podría hacerlo. Dejo de ser bello, y comenzo a ser aterrador, fugazmente me invadió un miedo terrible a no volver a despertar. Cerré los ojos… que sea lo que tenga que ser… - me dije.

Senti otra calidez en mis labios, muy vaga, muy lejana. Él había cortado una herida en su muñeca, por el cual brotaba mucha sangre. Hizo que la bebiera. Era como un oasis en medio del desierto, como una salida a la muerte impacable, no era la luz al final del camino, sino, una puerta escondida a mitad de él. La textura, el sabor, era extasis para mi cuerpo.

Todo, por primera vez, cobró sentido. Recordé con suma agudeza todo…absolutamente todo.

…Agnes…

 

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Era 1920 en París. La guerra de los mortales y los rumores de una nueva, era un asunto de poco interes para mí. Si mi hermano esta en algun lado no sería ahí. Agnes Paez. Así se llamaba y era mi gemelo.

Siempre habiamos estado juntos, ¿Por que habia insistido en abandonarme ahora? Fue una noche, en la Madrid de hace 2 años. La feria de gitanos estaba muy cerca de nuestra casa, podíamos percibir todos sus olores y sonidos, pero Agnes se sentía muy atraido a todos ellos. Me dijo que regresaría, pero jamás lo hizo.

Cuando conocí a Rael lo supe, Agnes era ahora uno de ellos. Estaba tan segura que actue siempre en función de ello. Presumo de mi gran habilidad seductora, y a veces me pregunto si él estaba conciente de que era neta interes lo que me llevaba a tratarlo así. Reía para mí misma cuando hablaba de amor y sentimientos de locura como algo lejano y distante…

Yo Jamas amaría a un vampiro como Rael.  

Aunque él aseguraba que así iba a ser, no queria imaginarme que él sabía algo que yo no. Simplemente siempre lo considere fascinante y algo pretencioso. No obstante lo recordé todo cuando me convirtió… casi todo. Ahora era un vampiro, y deseaba encontrar a mi hermano por encima de todas las cosas…

Esa misma noche Rael me llevo de mi casa, me vistio con un hermoso traje de terciopelo azul y caminó conmigo por los boulevares sujetando mi brazo delicadamente. Mi apariencia había cambiado, era evidente. Muchas personas nos veían pasar, y como si fuera una respuesta involuntaria comentaban nuestra presencia. Al principio me molestaba de sobremanera, pero pronto me acostumbre.

- Contempla la noche con tus ojos de vampiro… - dijo. Y era increíble. La agudeza era exorbitante, podía detectar desde el gato saltanto desde los muros de las casas, hasta la respiración agitada de aquellos adolescentes consumando sus relaciones escondidos en el parque. Detectaba muchas presencias, pero todas eran confusas para mì. – Con el tiempo aprenderas a identificar la presencia de otro vampiro. Reconoceras habilmente la presencia de aquellos que so mas jóvenes que tú, sin embargo los mayores pueden homogenizar mas su escencia con el del resto.

Conservé todas estas advertencias en mi memoria. Pero no podía evitar darle menos importancia que la nueva percepcion del mundo que ahora tenía, era como si me hubieran quitado una venda de los ojos… era maravilloso. Creo que Rael percibió mi exitación, puesto a que rió un par de veces, yo me sentí avergonzada.

Sin darme cuenta llegamos a las puertas de un teatro que, tenía entendido, había estado abandonado por años. Al poner un paso en su entrada enseguida el rostro sereno de Rael cambio bruscamente, me miró.

- Bienvenida a nuestro hogar, querida. – Yo estaba extrañada.

Por dentro no parecía tan abandonado, de hecho, no estaba desgastado en lo absoluto. A mi parecer, la función comenzaría en cualquier momento. Subi las escaleras del vestíbulo y entré al gran salon. Las butacas solo estaban dormidas…

- Ya había estado aquí… - dije.

- Ah si?

- Si. Con mi hermano.

- Así es. – otra voz familiar irrumpió, hizo eco y llegó a nosotros. Entendí el rostro perturbado de Rael al entrar al teatro.

- Oh, pero si tenemos compañía. – muy amablemente. – Nuestro visitante esta consciente que es una profunda falta de educación entrar en la morada de un compañero, sin permiso alguno?

- Las acciones acontecidas esta noche me han obligado a hacerlo, Rael ..Moebius – y apareció sin mas en el escenario, la silueta de un hombre completamente familiar. Como es posible que no lo recordara antes? Ese cabello rubio y peinado hacia atrás, esa nariz respingona.. esas gafas…

- Gabrielle… - dije. Él sonrió.

- Querida mía, lo has escogido a él como tu sire después de todo – caminó un tanto por el escenario, y no me percaté cuando se movió hasta donde estabamos – No puedo ocultartelo, estoy sumamente desilucionado.

Permanecí callada.

- Estoy seguro que no conoces a totalidad la historia del vampiro que has escogido…

Ante ese imprudente comentario, Rael se adelanto y se colocó entre Gabrielle y yo.

- Lo conocera… a su debido momento señor…

- Di Vercelli… - dijo con una de sus sonrisas ladinas – Gabrielle Di Vercelli.

- Di Vercelli… Creo que la joven dama y yo nos entenderemos bastante bien, respete su decision.

- La joven dama… - me miró – que triste que ni siquiera sepa tu nombre.. querida.

- Su nombre de humano ya no importa… tendra el nombre que ella quiera tener – serenamente, Rael no perdió la paciencia ante la imprudencia de Gabrielle.

- Así sera entonces… - me lanzo una ultima mirada de despecho. Caminó cual humano, con la mirada altiva y salió sin hacer el menor ruido. Yo permanecía cabizbaja, esperando la mordaz pregunta. Pero Rael no dijo ni advirtio nada.

- Evangeline… - dije después de un largo rato. – Evangeline Paez… ese es mi nombre.

- Hermoso… - respondió acariciando mi menton.