No recuerdo nada desde esa ocasión. Me mantienen encerrada en mi alcoba.
Se que tengo un hermano, se que ya no esta conmigo. Murió hace mucho tiempo, no sabría desde hace cuanto.
Las mozas solo vienen a limpiar, no suelen hablarme, muy a pesar de que les hago preguntas nunca responden. Es como si el cuarto estuviera vacío.
Tal vez si lo esté.
Permanecía sentada frente al tocador cepillando mi cabello, lo hacía por inercia mientras esperaba. Había solo un acontecimiento que me ayudaba a sentir el pasar del tiempo en esa estancia inalterable por mi presencia, y era una visita. Una visita fiel y segura que se escurría por el balcón y aparecía entre las cortinas blancas. Se hacía llamar Rael y era un vampiro.
Lo vi por primera vez en contra luz a una luna blanca y vigorosa, cualquier otra mujer se habría alterado de ver a un extraño en su balcón, pero él no me inspiró miedo sino fascinación.
Sabía que si le daba entrada no habría marcha atrás. Una vez que invitas a un vampiro a tu aposento, él podrá regresar a costa de lo que hagas para impedirlo.
¿Como no iba hacerlo? Si su presencia era lo que me recordaba que estaba… ¿viva?
No existía en mí timidez alguna. A menudo entraba y se incorporaba a mi rutina. Le encantaba permanecer frente al espejo, observando mi minucioso acicalamiento. Otras ocasiones me encontraba en la cama, recostada en el copete, pero con el mosquetero abierto. Se acercaba a mí y con voz dulce me decía “ya casi estas lista”.
Nunca se lo pedí, pero desde el primer momento ambos sabíamos que me terminaría convirtiendo en uno de los suyos. Conforme fue pasando el tiempo las visitas eran más extensas. Sosteníamos largas horas de debate.
-¿Acaso no es suficiente el mundo? – Sostuve en una ocasión – Estar ahí para observar todos esos acontecimientos, todo lo que lo transforma. Dándome el don, me regalas el mundo y la oportunidad de verlo crecer.
-Y luego desmoronarse… - dijo con voz serena, ante mi infantil conmoción – El mundo ha tenido incontables altos y bajos. Quizás algún día nunca se levante… - permaneció pensativo – o tal vez lo haga siempre…
-Nada es absoluto – dije
-Todo es relativo… - corroboró
Se acercó a mí por detrás y retiro el cabello de mi cuello. Sus manos largas y delgadas siempre se sentían heladas en mi piel. Me enloquecía esa escalofriante sensación. Se deslizaba un poco más hasta mi clavícula y terminaba sosteniendo mis hombros endebles, escotados por ese vestido rojo pálido que tanto le encantaba.
-Insistes tanto en demostrar que eres diferente – murmuraba – realmente me haces meditar al respecto…
-Ya lo ha hecho antes, señor. – siempre me dirigía a él con mucho respeto – Ya ha tomado a otros como discípulos. Dígame, ¿qué lo condujo a hacerlo?
Se mantuvo en silencio por un largo rato. Entonces soltó mis hombros y se volvió hacia la ventana.
-Una vez, una hermosa mujer como tú me lo pidió… - dijo después de un largo de un rato.
-¿Y usted se lo concedió por…?
-Porque deseaba estar con ella, y ella conmigo.
-¿Y qué sucedió?
Hizo otra pausa mas larga que la anterior. Como si tratara de recordalo.
-Fue demasiado tiempo, fueron demasiadas cosas. Terminó odiándome.
Yo sonreí ante su respuesta y me acerqué a él con ademan insinuante. Sus ojos azules volvieron a quedar fijos en mí.
-Teme que suceda lo mismo. ¿Teme que termine odiándole? – mencioné. Él se limitó a acariciar mi barbilla.
-Lo harás tarde o temprano… Amarme, odiarme o ambos.
Detesté que dijera eso. Semejante soberbia al siquiera considerarlo. Aunque mantuve mi posición en todo momento. Me preguntaba realmente quien seducía a quien. Sé que él moría por convertirme, por tomarme entre sus brazos y consumir hasta la última gota de mi sangre. Admito que podía ser muy persuasiva si me lo proponía. Decidí que él no sería quien me escogiera, yo lo escogería a él como mi sire.
-Convertir por amor es algo muy absurdo y egoísta, señor. – dije sin temor a ofenderlo.
-Quizás.
-No tengo porque odiarlo, señor. Tampoco tengo razones para amarlo. Las razones por las que usted llegó a mi balcón, las razones por las que yo le di entrada, carecen de relevancia en este momento… en este preciso momento. – Abrí los primeros botones de mi vestido dejando un atrevido escote – Solo importa una cosa… y es lo que ambos deseamos.
Sentí su mirada en mi pecho agitado, subía lentamente hasta mi esbelto cuello adornado por una gargantilla de plata. Su deseo era indiscutible y yo estaba ansiosa. Él se inclino sobre mí besándome los labios suavemente mientras volvía a abrocharme el vestido.
-Pronto, querida. – murmuró.
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Los días pasaron, me era imposible decir cuantos. Me preguntaba a diario, si me unía a esa hermosa y cruel existencia, ¿que tal difícil sería encontrar a otro vampiro en todo el mundo? A uno en especial.
Rael no era el único de ellos al que había visto alguna vez, de eso estaba segura. Fugazmente recuperaba ciertos recuerdos a lo largo de mis meditaciones. El llanto de un bebe estaba entre esos; a veces era tan fuerte que incluso siseaba para calmarlo, pero pronto regresaba a la habitación, al tocador y al cepillo, y todo volvía a ser igual de inalterable
Cada minuto se homogenizaba con el anterior, y en mi mente solo rondaba el deseo de convertirme en uno de ellos. No tenía nada que perder. Nada…
La ultima visita se me hacía tan lejana, tal vez se había arrepentido… o quizas mis ansias eran cada vez mas abrumadoras. Cuando porfin esa sombra hizo su aparición en mi ventana, decidí que esa noche había llegado.
- Tardó demasiado… - dije algo resentida, sin hacer el mas mínimo movmiento entre mis sabanas. Con el mosquetero cerrado.
- Lo suficiente. – respondió él con la misma serenidad de siempre.
- Lo suficiente para que?
La usual pausa.
- Para que ambos nos preparemos para lo que estamos a punto de hacer…
Sonreí, como si confirmara mi victoria. Su piel, a través de los encajes, se veía mas rosada. Sus labios mas vivos, su cabello menos opaco. Seguro se había asegurado de alimentarse lo suficiente para darme el don. Había leído tantos libros, ya no sabía que creer, que tan parecidos eran estos con la realidad.
Se posó en el borde de mi cama, sin siquiera abrir el mosquetero. Yo tenía las manos en el regazo y expresión hierática; pero mi corazon latía tan fuerte que estoy segura que él lo escuchaba. Me sentía como un pequeño cervatillo fingiendo serenidad ante su magno depredador, hermoso, impecable, basto… Sin duda fue un hombre sumamente atractivo cuando los años mortales le tocaban, es como si el don hubiera inmortalizado esa belleza cual retrato, pero se hubiera llevado consigo toda la ingenuidad de la juventud… Así me vería yo?
Levantó su muñeca lentamente, mi pecho se agitó aún mas. Tomo finamente con sus dos dedos la delicada cinta que amarraba la pechera de mi bata de noche. Mi vista permaneció fija en él. Sonrió y dulcemente tiró de la cinta, inmediatamente la bata cayó hasta mi cintura y me dejó completamente descubierta ante él. Tampoco me moví.
Él parecía fascinado, admiraba mi joven cuerpo endeble, mis pechos rosados y desnudos. Me ofreció su mano para que me levantara. Lo hice, mi ropaje de seda cayo hasta los tobillos. Rael se extasiaba de solo mirarme.
- Jamas seras mas bella de lo que eres ahora… - me dijo. – Jamas vas a sentir las cosas con la misma intensidad… Querida, porque cada momento puede ser el último, ser humano es algo hermoso. Podras amar con locura y odiar de la misma manera. Si vives para siempre, no podrás hacerlo… La vida va matando las emociones intensas, adquieres fortaleza y resistencia, pero tambien una profunda inercia.
- Las historias son distintas para todos los vampiros… - solamente eso respondí. Mi aliento agitado y dulce lo abrumaba, yo me aseguré de que así fuera.
Sus manos, extrañamente tibias, tomaron mi cintura. Yo levanté la mirada y lo besé tratando de contener cualquier otro impulso. Después de saciarse de mis labios se dirigió a mi cuello, al principio solo sentí el delicado roce, pero luego un dolor agudo me indicó que ya había incrustado sus colmillos en mi…
Ahogue un gemido, y me sostuve de su cuello. Lo sentía, sentía como me despojaba de vitalidad, un debilidad embriagadora, que opacaba los escasos recuerdos, y la noción de todo. Me costaba mas respirar, pronto sentí que ya no podría hacerlo. Dejo de ser bello, y comenzo a ser aterrador, fugazmente me invadió un miedo terrible a no volver a despertar. Cerré los ojos… que sea lo que tenga que ser… - me dije.
Senti otra calidez en mis labios, muy vaga, muy lejana. Él había cortado una herida en su muñeca, por el cual brotaba mucha sangre. Hizo que la bebiera. Era como un oasis en medio del desierto, como una salida a la muerte impacable, no era la luz al final del camino, sino, una puerta escondida a mitad de él. La textura, el sabor, era extasis para mi cuerpo.
Todo, por primera vez, cobró sentido. Recordé con suma agudeza todo…absolutamente todo.
…Agnes…
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Era 1920 en París. La guerra de los mortales y los rumores de una nueva, era un asunto de poco interes para mí. Si mi hermano esta en algun lado no sería ahí. Agnes Paez. Así se llamaba y era mi gemelo.
Siempre habiamos estado juntos, ¿Por que habia insistido en abandonarme ahora? Fue una noche, en la Madrid de hace 2 años. La feria de gitanos estaba muy cerca de nuestra casa, podíamos percibir todos sus olores y sonidos, pero Agnes se sentía muy atraido a todos ellos. Me dijo que regresaría, pero jamás lo hizo.
Cuando conocí a Rael lo supe, Agnes era ahora uno de ellos. Estaba tan segura que actue siempre en función de ello. Presumo de mi gran habilidad seductora, y a veces me pregunto si él estaba conciente de que era neta interes lo que me llevaba a tratarlo así. Reía para mí misma cuando hablaba de amor y sentimientos de locura como algo lejano y distante…
Yo Jamas amaría a un vampiro como Rael.
Aunque él aseguraba que así iba a ser, no queria imaginarme que él sabía algo que yo no. Simplemente siempre lo considere fascinante y algo pretencioso. No obstante lo recordé todo cuando me convirtió… casi todo. Ahora era un vampiro, y deseaba encontrar a mi hermano por encima de todas las cosas…
Esa misma noche Rael me llevo de mi casa, me vistio con un hermoso traje de terciopelo azul y caminó conmigo por los boulevares sujetando mi brazo delicadamente. Mi apariencia había cambiado, era evidente. Muchas personas nos veían pasar, y como si fuera una respuesta involuntaria comentaban nuestra presencia. Al principio me molestaba de sobremanera, pero pronto me acostumbre.
- Contempla la noche con tus ojos de vampiro… - dijo. Y era increíble. La agudeza era exorbitante, podía detectar desde el gato saltanto desde los muros de las casas, hasta la respiración agitada de aquellos adolescentes consumando sus relaciones escondidos en el parque. Detectaba muchas presencias, pero todas eran confusas para mì. – Con el tiempo aprenderas a identificar la presencia de otro vampiro. Reconoceras habilmente la presencia de aquellos que so mas jóvenes que tú, sin embargo los mayores pueden homogenizar mas su escencia con el del resto.
Conservé todas estas advertencias en mi memoria. Pero no podía evitar darle menos importancia que la nueva percepcion del mundo que ahora tenía, era como si me hubieran quitado una venda de los ojos… era maravilloso. Creo que Rael percibió mi exitación, puesto a que rió un par de veces, yo me sentí avergonzada.
Sin darme cuenta llegamos a las puertas de un teatro que, tenía entendido, había estado abandonado por años. Al poner un paso en su entrada enseguida el rostro sereno de Rael cambio bruscamente, me miró.
- Bienvenida a nuestro hogar, querida. – Yo estaba extrañada.
Por dentro no parecía tan abandonado, de hecho, no estaba desgastado en lo absoluto. A mi parecer, la función comenzaría en cualquier momento. Subi las escaleras del vestíbulo y entré al gran salon. Las butacas solo estaban dormidas…
- Ya había estado aquí… - dije.
- Ah si?
- Si. Con mi hermano.
- Así es. – otra voz familiar irrumpió, hizo eco y llegó a nosotros. Entendí el rostro perturbado de Rael al entrar al teatro.
- Oh, pero si tenemos compañía. – muy amablemente. – Nuestro visitante esta consciente que es una profunda falta de educación entrar en la morada de un compañero, sin permiso alguno?
- Las acciones acontecidas esta noche me han obligado a hacerlo, Rael ..Moebius – y apareció sin mas en el escenario, la silueta de un hombre completamente familiar. Como es posible que no lo recordara antes? Ese cabello rubio y peinado hacia atrás, esa nariz respingona.. esas gafas…
- Gabrielle… - dije. Él sonrió.
- Querida mía, lo has escogido a él como tu sire después de todo – caminó un tanto por el escenario, y no me percaté cuando se movió hasta donde estabamos – No puedo ocultartelo, estoy sumamente desilucionado.
Permanecí callada.
- Estoy seguro que no conoces a totalidad la historia del vampiro que has escogido…
Ante ese imprudente comentario, Rael se adelanto y se colocó entre Gabrielle y yo.
- Lo conocera… a su debido momento señor…
- Di Vercelli… - dijo con una de sus sonrisas ladinas – Gabrielle Di Vercelli.
- Di Vercelli… Creo que la joven dama y yo nos entenderemos bastante bien, respete su decision.
- La joven dama… - me miró – que triste que ni siquiera sepa tu nombre.. querida.
- Su nombre de humano ya no importa… tendra el nombre que ella quiera tener – serenamente, Rael no perdió la paciencia ante la imprudencia de Gabrielle.
- Así sera entonces… - me lanzo una ultima mirada de despecho. Caminó cual humano, con la mirada altiva y salió sin hacer el menor ruido. Yo permanecía cabizbaja, esperando la mordaz pregunta. Pero Rael no dijo ni advirtio nada.
- Evangeline… - dije después de un largo rato. – Evangeline Paez… ese es mi nombre.
- Hermoso… - respondió acariciando mi menton.